lunes, 31 de octubre de 2011

Indignación; Fenómeno Psicosocial Contra la Injusticia

Por Lorenzo Skalante

El pasado 15 de octubre de 2011, se dieron una ola de protestas masivas en 951 ciudades de 82 países del mundo, con motivo de la indignación que genera la rapacidad del mercado mundial y la codicia empresarial. El movimiento de los Indignados de España, es un fenómeno reproducible en el mundo, no tanto porque las condiciones españolas sean universales, pero sí porque la indignación necesariamente surge por la injusticia y de esa ¡hay mucha en el mundo!


La indignación como fenómeno social es una protesta, una expresión de descontento, de molestia, de enojo. Indignarse no es sólo hacer una cara de desaprobación, con ojos saltones, cejas arqueadas hasta que toquen la coronilla de la cabeza y la boca en forma circular bloqueada por la mano derecha para no dejar escapar alguna palabrota; tampoco tiene que ver con un silencio de piedra que aprueba, aunque se frunza el seño, por no externar su descontento. La indignación, debe ser una toma de conciencia de los orígenes de la injusticia.


La indignación, como fenómeno social, es parte de un proceso necesario que dignifica a los pueblos y repara el ser social; un ser que ha sido desvirtuado históricamente por el poder. La resistencia de los pueblos originarios de América Latina es una clara muestra de la dignificación que los pueblos mismos realizan a través de la negación del rol que se les impone; ejemplo de ello es el campo simbólico que limita al indígena a la sumisión, al silencio y al olvido.


En México ha habido movimientos sociales que denuncian las injusticias del sistema político económico actual, que se traducen en protestas contra la corrupción, contra la dominación cultural, como exigencia de reconocimiento y anhelos de cambio; sin embargo muchos de los que hoy se denominan “indignados” declaran equivocadamente que la cuestión no es política sino de ciudadanos.


Lo importante de la indignación es el impulso hacia la negación de un ser determinado por una estructura excluyente; es decir, en un mundo regido por el mercado, las relaciones que se establecen son intercambios comerciales y para poder restituirse en su valor de ser humano, se debe rechazar la asignación a ser un producto que se vende; a su vez, es afirmación de un ser que se encuentra en la posibilidad de decidir qué sociedad se desea, qué educación se necesita para esa sociedad y cómo se gobierna.


Es imprescindible cuestionarnos qué papel nos ha sido asignado; por qué no se fomenta una educación que no solo cuestione los problemas, sino que los resuelva; quien fomenta la injusticia y qué ganancia tiene; pero sobre todo, por qué no hacemos nada.


Para transformar la realidad hay que dignificarse y asumir las riendas de la existencia; eso es ya, una posición política y la construcción de un proyecto nacional justo, es una batalla necesaria contra la dominación política, económica y cultural.




Vía http://www.machetearte.com/machetes2/1548/doc1.htm

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